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Úlcera terminal de Kennedy: la herida que nadie pudo evitar — y cómo reconocerla, documentarla y cuidarla

Hay un momento en el turno que ninguna enfermera olvida: llegas a la mañana, revisas a un paciente que estaba bien la tarde anterior, y encuentras una lesión en el sacro que no estaba. Grande. Multicolor. Con bordes irregulares. Y te preguntas cómo es posible que no se viera venir.

Puede que no hayas fallado en nada. Puede que estés mirando una úlcera terminal de Kennedy — una de las lesiones más incomprendidas, más documentadas erróneamente y más cargadas de culpa injustificada de toda la práctica clínica en heridas. Este artículo te da las herramientas para reconocerla, entender qué está pasando en la piel de ese paciente, y cuidarle con criterio y con dignidad.

1. Historia y origen del concepto

En 1989, Mary Lou Kennedy, enfermera practicante en Fort Wayne (Indiana), describió por primera vez un fenómeno que había observado en pacientes terminales: lesiones que aparecían de forma súbita en el sacro, progresaban con una rapidez imposible para una lesión por presión convencional, y precedían a la muerte en horas o días. La observación fue tan sistemática que el nombre quedó vinculado al fenómeno.

Lo que Kennedy identificó no era negligencia. Era un patrón biológico. La piel fallando como falla el riñón, el corazón o el pulmón en el proceso de morir. Pero durante décadas, estas lesiones se clasificaron como lesiones por presión evitables, generando consecuencias legales, económicas y emocionales injustas para los equipos que cuidaban a estos pacientes.

La descripción original incluía una observación clínica tan específica que recibió su propio nombre informal: el síndrome de las 3:30. La evaluación de la mañana no mostraba ninguna alteración cutánea. A las 3:30 de la tarde, la piel del sacro presentaba signos evidentes de lesión que progresaban rápidamente. En un paciente con estado terminal documentado, ese patrón era altamente sugestivo de UTK.

2. Por qué ocurre: el fallo de la piel como órgano

Para entender la úlcera terminal de Kennedy hay que cambiar el marco conceptual. No es una lesión por presión que se ha podido prevenir mejor. Es una manifestación de fallo cutáneo — el mismo proceso que lleva al fallo renal, hepático o cardíaco en el paciente que está muriendo.

En las últimas horas o días de vida se producen cambios sistémicos que afectan directamente a la piel como órgano:

  • Hipoperfusión tisular progresiva: el flujo sanguíneo se redistribuye hacia los órganos vitales — corazón y cerebro — retirándose de la periferia. La piel, el órgano más periférico del cuerpo, recibe oxígeno y nutrientes insuficientes para mantener su integridad.
  • Colapso microcirculatorio: la circulación capilar en los tejidos subcutáneos se deteriora. Las células no pueden sostener sus funciones metabólicas básicas. La necrosis tisular avanza desde dentro hacia fuera, sin que ningún apósito ni cambio postural pueda revertirlo.
  • Cambios en la composición del tejido subcutáneo: en el paciente terminal, el tejido adiposo subcutáneo pierde sus propiedades de amortiguación. La distancia entre la piel y las prominencias óseas se reduce, aumentando la concentración de presión.
  • Fallo metabólico sistémico: la acidosis, la hipoalbuminemia severa, la desnutrición terminal y los cambios en la coagulación crean un entorno tisular en el que la reparación cutánea es biológicamente imposible.
La úlcera terminal de Kennedy no es una lesión por presión con un factor causal añadido. Es una manifestación de fallo cutáneo en el contexto del proceso de morir. La presión puede ser el desencadenante localizado, pero el sustrato — la incapacidad del tejido para resistir y reparar — es sistémico e irreversible. Por eso no responde a las medidas preventivas habituales aunque se apliquen correctamente.

3. Características clínicas que la distinguen

La UTK tiene rasgos clínicos específicos que, en conjunto, la diferencian de una lesión por presión convencional. Ninguno de ellos es patognomónico por sí solo — el diagnóstico es clínico y contextual — pero la combinación es altamente orientadora.

Úlcera terminal de Kennedy — lesión multicolor con bordes irregulares en sacro en paciente terminal
Úlcera terminal de Kennedy — coloración multicolor característica (rojo, púrpura, negro) y bordes irregulares sobre sacro
Localización
Predominantemente sacro y cóccix, de forma bilateral. También puede aparecer en talones, trocánteres y otras prominencias. La forma bilateral — en herradura o mariposa — es uno de los signos más específicos.
Velocidad de aparición
Aparece en horas, no en días. Un paciente sin lesión en la revisión de la mañana puede tener una lesión extensa a mediodía. Esta velocidad es incompatible con el mecanismo de presión sostenida de una LPP convencional.
Color
Multicolor simultáneamente: rojo, morado, amarillo y negro en la misma lesión. Puede comenzar como una mancha eritematosa o púrpura y evolucionar a negro en pocas horas. El cambio de color es rápido e impredecible.
Forma
Bordes irregulares, con forma de pera, herradura o mariposa. La simetría bilateral es característica. Los bordes no son nítidos como en las LPP por presión instrumental.
Contexto clínico
Aparece en pacientes con deterioro sistémico activo: reducción de la ingesta oral, oliguria, alteración del nivel de consciencia, cambios en el patrón respiratorio. La lesión y el deterioro coexisten temporalmente.
Progresión
Avanza de categoría en horas o pocos días. Puede ir de categoría II a IV antes de que el paciente fallezca. Esta velocidad de progresión no tiene equivalente en las LPP convencionales correctamente tratadas.
El contexto es tan importante como la lesión. Una lesión con todas estas características en un paciente sin estado terminal no es una UTK. Y una lesión que no cumple todos los criterios, en un paciente con fallo multiorgánico activo y expectativa de vida de horas, puede serlo. El diagnóstico requiere integrar la herida con el estado clínico general del paciente.

4. La cronología que cambia el diagnóstico: el síndrome de las 3:30

La observación de Kennedy sobre la aparición súbita tiene una implicación clínica directa: la documentación del estado de la piel en el turno anterior es determinante. Si en la evaluación de la mañana no había ninguna lesión y a mediodía hay una lesión categoría III, el mecanismo no puede ser la presión sostenida — porque el tiempo transcurrido es insuficiente para que la presión genere ese daño por sí sola en un paciente con medidas preventivas en marcha.

Horas antes
Piel íntegra documentada en la evaluación rutinaria. Medidas de prevención en marcha: superficie de apoyo, cambios posturales, protección de prominencias. No hay lesión visible.
Aparición — horas después
Lesión sacra con eritema no blanqueable, coloración multicolor, forma irregular. El paciente muestra signos de deterioro sistémico acelerado: menor respuesta, respiración más lenta, manos frías. La lesión y el deterioro aparecen juntos.
24–72 horas después
La lesión progresa a categorías más avanzadas. El paciente está en fase de agonía. Las medidas preventivas se mantienen por confort, no por expectativa de reversión. El objetivo de los cuidados ya no es curar la herida.
Muerte del paciente
La bibliografía estima una supervivencia media de 8 horas a 6 semanas desde la aparición de la UTK, dependiendo de la serie y el contexto clínico. En muchos casos el intervalo es de horas a pocos días.

5. Diagnóstico diferencial: UTK vs LPP evitable

Esta es la pregunta que más consecuencias tiene — para el equipo, para la familia y para la institución. Y es también la más difícil, porque no existe ninguna prueba diagnóstica que la resuelva. El diagnóstico es clínico, contextual y retrospectivo.

Velocidad de aparición
UTK KennedyHoras. La piel estaba íntegra en la revisión del turno anterior.
LPP evitableDías a semanas de desarrollo progresivo por presión mantenida.
Color inicial
UTK KennedyMulticolor simultáneo: rojo, púrpura, amarillo y negro a la vez desde el inicio.
LPP evitableEritema uniforme que progresa por estadios de forma más predecible.
Forma y localización
UTK KennedyIrregular, mariposa o herradura, frecuentemente bilateral. No siempre sobre el punto de mayor presión.
LPP evitableContorno relacionado con la prominencia ósea directamente sometida a presión.
Estado clínico al aparecer
UTK KennedyDeterioro sistémico activo y acelerado al mismo tiempo que la lesión.
LPP evitablePuede aparecer en pacientes sin estado terminal activo.
Medidas preventivas
UTK KennedyPresentes y correctamente aplicadas. La lesión aparece de todas formas.
LPP evitableAusentes, incompletas o incorrectamente aplicadas en algún punto.
Objetivo del tratamiento
UTK KennedyNo cicatriza. El objetivo es el confort, el control del dolor y la dignidad.
LPP evitablePuede cicatrizar con tratamiento correcto si se resuelve la causa.
Predictor de muerte
UTK KennedySí — muerte esperada en horas a semanas desde la aparición.
LPP evitableNo necesariamente. La LPP por sí sola no indica estado terminal.
Úlcera terminal de Kennedy en sacro — forma en herradura o mariposa bilateral típica
Forma característica en herradura — la bilateralidad y la coloración simultánea de múltiples tonos es uno de los signos más específicos de la UTK
La UTK no exime de la responsabilidad de tener medidas preventivas en marcha. La diferencia entre una UTK y una LPP evitable no es que «con la UTK no hace falta prevenir». La diferencia es que las medidas preventivas estaban correctamente implementadas y la lesión apareció de todas formas. Documentar esas medidas es imprescindible.

6. El problema del nombre: SCALE, skin failure, TB-TTL

La UTK no es la única forma de nombrar este fenómeno. La variedad de términos en la literatura genera confusión y dificulta la comparación de datos entre estudios. Es importante conocerlos porque pueden aparecer en bibliografía, protocolos o documentación clínica.

  • SCALE (Skin Changes At Life’s End): término paraguas propuesto en 2009 por el Wound, Ostomy and Continence Nurses Society. Agrupa todos los cambios cutáneos que ocurren en el proceso de morir, incluyendo la UTK. Es el término más amplio y el que tiene mayor respaldo conceptual.
  • Skin failure / Fallo cutáneo: analogía con el fallo de otros órganos. La piel, como el riñón o el corazón, puede fallar cuando el organismo ya no puede mantenerla. Propuesto por Langemo y Brown (2006), es el marco fisiopatológico más sólido.
  • Trombley-Brennan Terminal Tissue Injury (TB-TTI): variante descriptiva usada en algunos contextos norteamericanos, con criterios diagnósticos propios ligeramente distintos a la UTK clásica.
  • 3:30 Syndrome: el nombre informal que describía la aparición brusca observada por Kennedy. Ya en desuso pero útil para entender el concepto original.
  • Lesiones por presión inevitables: categoría más amplia que incluye la UTK pero también otras LPP que, en determinados contextos clínicos, no pueden prevenirse a pesar de cuidados correctos.

La revisión integrativa de Viana et al. (2021) en PubMed encontró solo 17 artículos que cumplían criterios de inclusión sobre este tema — lo que ilustra lo limitada que sigue siendo la producción científica. La falta de herramientas diagnósticas validadas y de criterios uniformes es el principal obstáculo para avanzar en conocimiento.

7. Cuidados: qué hacer cuando el objetivo no es curar

Cuando se establece que una lesión es una UTK, el enfoque cambia completamente. El objetivo no es la cicatrización — es el confort, la dignidad y la prevención de sufrimiento adicional. Esto tiene implicaciones directas sobre cada decisión de cuidado.

💊
Control del dolor
Primera prioridad absoluta. Analgesia pautada antes de cada cura, no a demanda. La limpieza y el cambio de apósito pueden ser momentos de dolor intenso. El uso de opioides en cuidados paliativos es clínicamente apropiado y éticamente exigible. La manipulación debe ser mínima y suave.
💧
Gestión del exudado y el olor
Apósito absorbente no adherente que minimice el trauma en el cambio. Malla siliconada como interfase si hay riesgo de adherencia. Carbón activado si hay olor intenso que afecta a la calidad de vida del paciente y la familia. Cambios tan espaciados como el exudado lo permita — menos cambios es menos trauma.
🛏️
Posicionamiento y confort
Los cambios posturales se mantienen pero con criterio paliativo: frecuencia adaptada a la tolerancia del paciente, no a un protocolo fijo de cada 2 horas si causan dolor o agitación. Superficie de apoyo de alta especificación. El objetivo es el confort posicional, no la prevención de nuevas lesiones — aunque ambos pueden coincidir.
🚫
Qué no hacer
No intentar desbridar agresivamente — el tejido no va a granular y el desbridamiento solo genera dolor sin beneficio. No aplicar antimicrobianos sistémicos sin signos de infección que causen sufrimiento adicional. No fijar un objetivo de curación que haga que la cura resulte desproporcionada respecto al estado del paciente.
🌿
Higiene y dignidad
Limpieza suave con productos no agresivos. Protección de la piel perilesional con barrera. Mantener la dignidad del paciente en cada cura — explicar lo que se va a hacer, minimizar la exposición innecesaria, involucrar a la familia si así lo desean. La herida no define al paciente.
👨‍👩‍👧
Apoyo a la familia
La familia verá la lesión y puede interpretarla como negligencia. La educación y la comunicación son parte del cuidado. Explicar qué es la UTK, por qué ha ocurrido a pesar de todos los cuidados, y qué significa clínicamente. Este es uno de los momentos más delicados de todo el proceso de cuidados al final de la vida.

8. Documentación y protección legal

La UTK tiene consecuencias legales porque puede confundirse con una LPP evitable. En muchos sistemas sanitarios, la aparición de una lesión por presión categoría III o IV en un paciente hospitalizado desencadena procedimientos de revisión. La documentación correcta es la única protección efectiva del equipo.

  • Estado de la piel en el turno inmediatamente anterior: fecha, hora y descripción del estado cutáneo. Si la piel estaba íntegra, documentarlo con precisión.
  • Medidas preventivas activas: tipo de superficie de apoyo, frecuencia de cambios posturales, protección de prominencias, evaluación de riesgo. Documentar que estaban en marcha antes de la aparición de la lesión.
  • Estado clínico general del paciente: deterioro sistémico documentado — nivel de consciencia, ingesta, diuresis, signos vitales. El contexto terminal del paciente tiene que constar en la historia.
  • Descripción exhaustiva de la lesión al momento del descubrimiento: tamaño, color, forma, localización exacta, profundidad estimada, aspecto del borde. Con la hora exacta.
  • Diagnóstico de sospecha de UTK y criterios utilizados: documentar la sospecha diagnóstica, los criterios clínicos en los que se basa y el cambio de objetivo de cuidado.
  • Comunicación con el equipo médico y la familia: dejar constancia de que se informó, cuándo y de qué.
La frase más protectora en la historia clínica no es el nombre del diagnóstico — es la descripción cronológica. «Piel íntegra en sacro a las 08:00 del turno de mañana. Cambios posturales cada 2 horas documentados. Colchón de presión alterna en uso. A las 14:30, lesión de nueva aparición con las siguientes características…» — esa secuencia narrativa vale más que cualquier clasificación.

9. Cómo hablar con la familia

Este es el momento clínico que más impacto tiene y para el que menos preparación existe. La familia ve una lesión grande, oscura, que no estaba hace unas horas, y la primera pregunta suele ser: «¿Cómo ha podido pasar esto si estabais cuidándole?»

La respuesta requiere honestidad, calidez y precisión al mismo tiempo. Algunas claves:

  • No usar terminología que genere más confusión. «Úlcera terminal de Kennedy» puede sonar a diagnóstico vacío. Mejor explicar el concepto: «La piel de su familiar está fallando como están fallando otros órganos. Es parte del proceso de morir.»
  • Nombrar explícitamente los cuidados que se han hecho. «Teníamos el colchón especial, le cambiábamos de posición regularmente, revisábamos su piel en cada turno. No ha habido ningún descuido — esta lesión ha aparecido de todas formas porque el cuerpo ya no puede mantener la piel.»
  • Explicar que el objetivo ahora es el confort, no curar. La familia puede esperar que «le curen la herida» y angustiarse si no ven mejoría. Aclarar desde el principio que el objetivo es que no duela y que esté lo más cómodo posible.
  • Validar su angustia sin asumir culpa que no existe. «Es normal que esto les genere preocupación. Queremos que sepan que no hay ninguna relación entre la atención que ha recibido y esta lesión.»
  • Involucrarles en los cuidados si quieren. Algunos familiares encuentran útil participar en la aplicación del apósito o en el reposicionamiento. Otros prefieren no hacerlo. Respetar la decisión.
La comunicación con la familia en torno a la UTK es también una forma de cuidado paliativo. El duelo anticipatorio que vive la familia en esas horas o días necesita espacio. El equipo de enfermería es, con frecuencia, el interlocutor más cercano y más constante. Esa conversación importa tanto como la cura.
Bibliografía
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La úlcera terminal de Kennedy es la herida que ninguna enfermera quiere encontrar — no porque sea difícil de tratar, sino porque su presencia significa que el paciente está muriendo. Reconocerla, documentarla correctamente y acompañar a la familia en ese momento es, posiblemente, uno de los actos de cuidado más complejos y más importantes de toda la práctica clínica en heridas.
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